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Si hay un ingrediente básico en muchos de nuestros guisos más tradicionales, es la salsa de tomate. Aunque en muchas ocasiones, por falta de tiempo, recurrimos a las ya preparadas que podemos comprar en el supermercado, cuando la salsa de tomate es casera, se nota y mucho. ¿Hay algo más delicioso que mojar el pan en la salsa de tomate de unas albóndigas? Es difícil que alguien pueda superar la salsa de tomate que preparaba mi abuela Juanita y, si cierro los ojos, todavía me puedo ver, siendo una niña, sentada en su cocina de su casa de Menorca mientras ella la preparaba con mimo. Recuerdo perfectamente cómo pelaba y troceaba los tomates, siempre de tamaño pequeño y bien rojos porque eso significaba que estaban bien maduros, y luego hacía el sofrito antes de mezclarlo con los tomates y añadir esa salsa a sus albóndigas o a la receta que estaba preparando. El tomate proviene de América, concretamente de los Andes, donde varios pueblos de Mesoamérica los consumían crudos y también en salsas. Cuando los españoles llegaron a América en 1492, lo trajeron a Europa, pero muchos nobles lo evitaron porque creían que era venenoso. En Italia, el tomate encontró un nuevo impulso y lo adaptaron a su dieta. Primero los consumieron crudos en ensalada o fritos y, en 1692, apareció por primera vez la receta de salsa de tomate en un libro de cocina de Nápoles. Aunque la salsa era muy diferente a la que conocemos ahora, ya que no era el ingrediente principal, sino uno más. Fue a raíz de la aparición de la pasta seca, a finales del siglo XVIII-principios del siglo XIX, cuando, buscando una salsa para acompañarla, descubrieron que podían cocinar una con tomate, ajo, albahaca y aceite de oliva que resultó deliciosa. Y de ahí se convirtió en un imprescindible para la dieta de la gente más humilde y en la base de pizzas y pastas.
Aunque en casa nos gusta cocinar, tengo que reconocer que, en muchas ocasiones, por falta de tiempo, recurrimos a las salsas de tomate ya preparadas. Pero tenemos propósito de enmienda y estamos dispuestos a cambiar y a aprender a cocinar una exquisita salsa de tomate casera. Así que nadie mejor que Anna Terés, experta en recetas fáciles, para orientarnos. La cocinera acaba de compartir en su perfil de Instagram, donde tiene más de 4 millones de seguidores, la elaboración de esta salsa. "Con este básico, resolverás un montón de comidas", asegura.
Anna Terés, conocida en redes sociales como Anna Recetas Fáciles, tiene más de 18 millones de seguidores entre sus perfiles de Facebook, Instagram, YouTube y TikTok. Sus recetas sencillas y fáciles de hacer han conquistado a todos y ahora comparte cómo hace su salsa de tomate casera, un clásico para nuestros guisos y que es más sencillo de lo que parece. Si ya reveló cómo preparaba los espaguetis Alfredo o sus magdalenas de queso y calabacín, ahora desvela los ingredientes y el paso a paso de un básico de la cocina mediterránea: la salsa de tomate.
Los ingredientes de la salsa de tomate casera de Anna Terés, experta en recetas fáciles
- 2 kg de tomates.
- 2 cebollas.
- 2 dientes de ajo.
- Aceite de oliva.
- Sal.
- Unas ramitas de perejil.
El paso a paso de la salsa de tomate casera de Anna Terés, experta en recetas fáciles
- Haz unos cortes a los tomates en forma de cruz y escáldalos en agua hirviendo. "A los dos minutos ya los puedes retirar", cuenta Anna Terés. De esta manera los podrás pelar mucho más fácilmente.
- En una sartén, pon un chorro de aceite de oliva y sofríe la cebolla bien picadita hasta que se dore. Mientras puedes aprovechar a ir pelando los tomates y trocearlos. Resérvalos.
- Cuando la cebolla de la sartén coja color, añade el ajo y el perejil picados. Déjalo un minuto e incorpora el tomate troceado.
- Añade sal al gusto y deja cocer unos 30 minutos "o hasta que el tomate esté reducido" aclara Anna Terés.
- Tritura con la batidora de brazo y, si quieres una salsa más fina, puedes pasarlo por un colador. Envasa en botes de cristal de diferente tamaño para que se adecúe a la cantidad que necesitas en cada momento.













