Cómo ayudar a tus hijos a romper con los malos hábitos

Los niños experimentan y descubren el mundo a través de sus sentidos, es normal, pero a veces, adquieren algunos hábitos negativos que intentamos corregir, aunque no siempre con mucho éxito. Damos algunos consejos para lograrlo.

niño pequeño tapándose la boca
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    Morderse las uñas, hurgarse la nariz, tocarse las partes íntimas en público...este tipo de hábitos son frecuentes entre los niños y, muchas veces, los adultos nos desesperamos tratando de ayudarles a evitar hacerlo. Damos algunas claves de por qué lo hacen y cómo ayudarles a modificar esa conducta:

    Morderse las uñas

    Muchos niños se muerden las uñas y esto, lejos de ser un mero problema estético, es un hábito que puede resultar peligroso, ya que puede provocar infecciones, heridas y otras dolencias en las uñas y manos.

    A veces, los peques empiezan a morderse las uñas porque hay algo en ellas que les molesta o les llama la atención. Otras veces, sin embargo, inician ese hábito ante situaciones que les irritan, les provocan ansiedad o les ponen nerviosos. Además, este hábito puede acabar convirtiéndose para ellos en un acto calmante y relajante cuando se sienten nerviosos.

    Según un estudio publicado en 2015 en el Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, la principal razón de morderse las uñas no es la ansiedad, sino el perfeccionismo y morderse las uñas resulta a las personas que lo hacen un acto relajante y que ayuda a combatir la ansiedad y la frustración.

    Para evitar que los niños se muerdan las uñas, algunos consejos que pueden ayudar son:

    • En primer lugar, tratar de impedir que los niños tengan las uñas largas, con algún piquito molesto o con suciedad que les llame la atención. Hay que procurar que tengan las uñas limpias, cortitas y aseadas. Te recomendamos leer nuestro artículo "Cuándo y cómo cortar las uñas al recién nacido: consejos básicos".
    • Si el niño se muerde las uñas por costumbre, es importante tratar de distraer su atención hacia otra cosa y procurar que tengan las manos ocupadas.
    • Es fundamental analizar qué situaciones estresan al niño o la niña y provocan que se muerda las uñas. Una vez detectadas es importante evitarlas o tratar de ayudar a los niños a afrontarlas dándoles recursos u ofreciéndoles algún objeto con el que tener las manos entretenidas y no morderse las uñas, por ejemplo, una pelotita sensorial o algún juguete (los juguetes de madera pueden ser buenos aliados).
    • Hay que explicarles por qué es perjudicial para ellos que lo hagan, que les puede doler y provocar heridas.
    • Si el niño o la niña está de acuerdo, se le pueden poner tiritas divertidas en las uñas o comprar en la farmacia algún producto no tóxico específico para evitar que se las muerda.
    • Es importante felicitar al peque cuando vemos que hace esfuerzos por no morderse las uñas.

      Hurgarse la nariz

      Si hay una costumbre frecuente y arraigada en los niños pequeños es la de meterse los dedos en la nariz y hurgar en ella. Los niños son curiosos por naturaleza y explorar su nariz es un juego divertido. Sin embargo, a los adultos no nos gusta que los niños adquieran este hábito y que lo hagan delante de la gente, por eso, solemos intentar corregirlo, pero no siempre sabemos cómo hacerlo. Además, las fosas nasales son la puerta de entrada para numerosas enfermedades e introducir en ellas los dedos sucios no es beneficioso para la salud de los peques. Además, pueden provocarse heridas o sangrados.

      La mejor manera de ayudar al niño a dejar de hacerlo es explicarle por qué no es bueno que lo haga: háblale del riesgo para su salud de ponerse malito por tocarse la nariz con las manos sucias (utilizar jabón antibacteriano para lavarles las manos es buena idea), el peligro de poder hacerse daño o alguna heridita que se puede infectar y repíteselo con cariño y paciencia las veces que sea necesario.

      Si el niño es demasiado pequeño para entender esas explicaciones, lánzale mensajes claros sobre lo que quieres que haga: “baja las manos”, “manos fuera de la nariz”, cosas así que sean claras y concisas. Además, trata de que tenga las manos ocupadas cuando veas que empieza a hurgarse la nariz, de este modo distraes su atención. Muchos niños se hurgan la nariz solo por aburrimiento, por lo que ofrecerles alternativas y mantener sus manos ocupadas es efectivo.

      Lleva siempre pañuelos a mano y mantén limpia su nariz para evitar que tenga mocos que le molesten y le inciten a hurgarse la nariz (puedes echar un vistazo al artículo "Cómo limpiarle los mocos y las flemas al bebé". Además, cada vez que veas al niño haciéndolo, límpiale con un papel para que asocie la molestia de tener algún moquito con la necesidad de limpiarse con papel. Obviamente, hay que dar ejemplo…parece mentira, pero no son pocos los adultos que de vez en cuando también utilizan sus manos para limpiarse la nariz…

      No debes castigar, regañar ni avergonzar al niño por ello, ya que esto no sirve para que aprendan a dejar de hacerlo y sí puede perjudicar mucho su autoestima.

      Sacarse mocos y llevárselos a la boca

      El siguiente paso de hurgarse la nariz es sacarse algún que otro moquito y llevárselo a la boca. Para los adultos esto es algo repulsivo, pero entre los niños no es una práctica rara y para muchos expertos son conductas heredadas de nuestros antepasados simios. Hay que evitar los castigos y las broncas por este motivo, como decíamos antes, forma parte de la necesidad de explorar y descubrir del niño. Sin embargo, sí es necesario ayudarles a dejar de hacerlo y para ello podemos utilizar tácticas como las que hemos comentado antes:

      • Si el niño ya puede comprender lo que le decimos, explicarle los motivos por los que debe dejar de hacerlo, el riesgo de introducir gérmenes en su nariz y enfermar, hablarles de que se trata de un acto poco higiénico y que se considera de mala educación, etc.
      • Distraer su atención, como mencionábamos antes, y ofrecerle alternativas a jugar con su nariz cuando esté aburrido.

        Poco a poco irá aprendiendo que ese acto tiene una respuesta negativa por parte de la gente y que provoca reacciones de asco, por lo que irá dejando de hacerlo, por lo tanto paciencia.

        El neuropsicólogo Álvaro Bilbao explica en su blog con cierto humor las razones por las que los niños pueden comerse algo tan aparentemente asqueroso como un moco pero resistirse, por ejemplo, a comer un trozo de brócoli u otra verdura y, entre algunos de los motivos, argumenta que “el moco es pequeño, lo probó a la edad indicada, lo puede comer con las manos y nadie le insta a que se lo coma o a que se lo termine todo”…¿curioso, verdad?

        Tocar sus partes íntimas en público

        Parte del desarrollo y la evolución de los niños es explorar y descubrir su cuerpo y ellos no entienden de convenciones sociales ni de tabúes. No avergüences a tu hijo o hija por ello.

        Para tratar de que no lo haga en público es importante explicarles que eso es algo íntimo y que se hace en privado. Tal y como explica Lucía Galán, más conocida como Lucía, mi pediatra en su blog: “Denominamos masturbación en preescolares o infantil a la autoestimulación de los genitales por placer. Es rara antes de los 6 meses. Se desarrolla a lo largo de su infancia, desde los 9-12 meses hasta los 5-6 años, edad en la que ellos empiezan a ser más reservados y si lo hacen, lo harán en la intimidad”.

        ¿Debemos preocuparnos? Lo cierto es que no, ya que es algo normal y parte de su desarrollo. Sin embargo, si lo hacen con mucha frecuencia y en público debemos tratar de reconducir ese comportamiento sin alarmarnos ni escandalizarnos: “Desde muy pequeños empiezan a descubrir sus genitales y a estimularse con distintos objetos (juguetes, cojines, peluches). No es hasta los 2 años y medio o más, cuando utilizan su propia mano para tocarse de forma rítmica. Generalmente, a partir de los 5-6 años disminuye la frecuencia y si continúan haciéndolo, lo harán en la intimidad de su habitación o en el baño. Si lo hace muy frecuentemente y en público (frotarse con las sillas, con muñecos…) hay que explicarles de una forma sencilla y serena que eso no lo deben hacer delante de los demás sino en su casa, en su habitación y cuando estén tranquilos. Si les reñimos es probable que lo hagan con más frecuencia y, además, generemos un sentimiento de culpa absolutamente injustificado. Si lo hace muy a menudo cuando está aburrido, podemos distraerles con juegos. Pero no hay que obsesionarse; tendremos que verlo como una fase más de su desarrollo”, aconseja la experta.

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