‘La tormenta’

Como defensora de los animales, la actriz sufría cada vez que debía utilizar la fusta con los caballos. Y su compañero se fracturó la muñeca al caerse de uno.

 

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Irresistible atracción

Después de prometérselo a su padre, María Teresa Montilla regresa a Puerto Bravo, el pueblo donde nació, para sacar de la ruina a La Tormenta, la hacienda familiar. Acostumbrada a las comodidades de la ciudad, se queda boquiabierta cuando Santos Torrealba, el capataz, va a recogerla en un burro, que la llevará a su destino. Aun así, eso no será lo peor del viaje…

A medio camino, varios hombres los asaltan y tratan de violar a la joven. Por suerte para ella, su empleado lo impide aunque los bandidos consiguen escapar. Superado el tenso y complicado momento, ambos sienten una atracción a la que ponen freno y se dirigen a la finca.

Simón Guerrero, un rico hacendado del lugar, pone el grito en el cielo cuando ve llegar a los sicarios y le cuentan que no han podido matar a la recién llegada. Dispuesto a todo para quedarse con La Tormenta, los obliga a ir a la hacienda a cumplir su orden. Algo que aplaude Edelmira, su malvada y ambiciosa madrastra.
Sin embargo, una vez más, el capataz salva a la muchacha de morir en un intenso tiroteo.

Para relajarse, María Teresa decide sumergirse en un río cercano. Impactado con su belleza, Santos la sigue y bucea en el agua hasta llegar a su lado y robarle un
beso, al que ella, incapaz de resistirse, responde con pasión.

Isabella Montilla, que sorprende con su visita a su prima, se obsesiona con el capataz y decide seducirlo. Para colmo, Bernarda Ayala, a quien pertenece la mitad de La Tormenta, exige a Santos casarse con su hija, Valentina.

Año: 2005
País: Colombia
Productora: Telemundo y RTI
Reparto: Natalia Streignard, Christian Meier, Natasha Klauss y Marcelo Buquet.

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El 23 de enero de 2006 TVE estrenaba en horario  vespertino esta novela colombiana que convertía en pareja a Natalia Streignard (María Teresa) y Christian Meier (Santos). Y que colocaba en el lado de los villanos a Marcelo Buquet (Simón), Kristina Lilley (Edelmira) y  Natasha Klauss (Isabella).

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Cambio en el guión.

Eileen Abad contaba cómo había llegado a la telenovela:  “Estaba previsto que Valentina muriera al principio de la  historia. Sin embargo, cuando me ofrecieron interpretarla  yo iba a ser protagonista en otra producción así que lo  cambiaron para que aceptara y me convencieron”.

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Adiós a Carmen Marina Torres.

Azúcar, estrenada el año pasado, fue el último trabajo de esta actriz colombiana que se metió al público en el bolsillo con papeles como el de la cariñosa Nany de La Tormenta y que falleció en octubre de 2015 tras sufrir un infarto. También participó, entre otras novelas, en Lola Calamidades, En cuerpo ajeno, El Zorro, El clon y ¿Dónde carajos está Umaña?

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Pasadas por agua.

Nunca olvidarán Natalia y Carmen Villalobos (Trini) la secuencia donde la primera debía salvar a la segunda de morir ahogada en un río. Tuvieron que sumergirse en el agua varias veces hasta que el director dio por buena la toma. Para entrar en calor, Carmen se enfundaba en un albornoz.

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Mucho más que compañeras

Era la tercera vez que Natasha Klauss (Isabella) y Kristina Lilley (Edelmira) coincidían en una novela, tras Pasión de gavilanes y La mujer en el espejo. Aunque delante de las cámaras mantenían una relación de puro interés, detrás estaban unidas por una estrecha amistad. Ensayaban juntas y se divertían haciéndolo. Las dos trabajan ahora en
Colombia: la primera graba Alias J.J. y la segunda ha acaba de estrenar la obra Heroínas de la victoria.

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Personaje hecho a su medida.

Aura Cristina Geithner comentó que se sentía tan feliz interpretando a Bernarda Ayala, “una mujer que esconde un gran corazón detrás de tanta amargura”, que se lo dijo al escritor: “Me llevé una gran sorpresa cuando me respondió: ‘Soy yo quien debe darte las gracias, sin ti Bernarda no sería la misma, me inspiraste a la hora de crearla”.

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Cómo dar vida a una invidente

Carmen Villalobos reconocía que había sido un reto encarnar a Trinidad Ayala: “Aunque no tuve demasiado
tiempo para prepararme, pude asistir a un centro de rehabilitación para adultos ciegos donde me ayudaron
mucho”. Y desvelaba uno de los ejercicios que realizaba: “Cerrar los ojos, escuchar a las personas e imaginar de dónde procedían las voces antes de abrir los ojos. Al principio resultaba incómodo porque parecía que no hablaba a nadie”.

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